¿Es posible dejar de pensar? ¿Es posible pensar sin palabras? ¿Qué queda de nosotros cuando silenciamos la mente analítica? Cometemos el gran error de identificarnos con nuestros pensamientos y de creer que somos el que piensa. Pero hay ocasiones en que el esplendor del momento presente nos deslumbra de tal modo que se abre una nueva puerta a la espiritualidad, al pensamiento y a la acción efectiva. Abraham Maslow llamó a esos momentos “experiencias cumbre”, puesto que representan los momentos más altos de la vida. Durante estas ocasiones de expansión y no-pensamiento vislumbramos la verdad que vive en nuestro interior. En este artículo he recreado el pensamientos de Abraham Maslow y la metodología de Eckhart Tolle a partir de mis propias experiencias en el mundo del management
Ing Mario Balzarini- febrero de 2011
Espiritualidad es la experiencia que se produce cuando logramos dejar de pensar. Una persona espiritualmente inteligente es capaz de interrumpir el flujo de su pensamiento de manera voluntaria. “Dejar de pensar” es una disciplina personal que puede aprenderse como cualquier otra disciplina -montar a caballo o tocar el piano- es decir, a través de la práctica. Si la inteligencia racional es la capacidad de producir pensamiento lógico y la inteligencia emocional la capacidad de regular nuestros estados emocionales, la inteligencia espiritual es la capacidad de dejar de pensar. En un sentido más amplio, inteligencia espiritual es la capacidad de crear y recorrer caminos que conduzcan a la efectiva realización personal (o experiencias del ser) utilizando técnicas de no-pensamiento
Vivimos en la experiencia, que siempre sucede en el momento presente. La experiencia se compone de las percepciones de nuestros cinco sentidos y de la experiencia de uno-mismo, o noción de yo. La experiencia es intransferible. No hay manera de “experimentar” la experiencia de otro. Estamos existencialmente aislados de los demás y este es, en última instancia, el problema central de la comunicación humana. La única alternativa para transmitir nuestra experiencia interior es simbolizarla, es decir, representarla en imágenes o palabras que luego intercambiaremos con los demás
La experiencia es de naturaleza continua y simultánea. Sentimos “a la vez” las sensaciones que nos transmiten nuestros cinco sentidos y tratamos de comunicar eso que sentimos a través de palabras. Pero las palabras, que son muy apropiadas para nombrar “objetos”, son totalmente inapropiadas para describir aquello que no es un objeto. Se puede, por ejemplo, representar con palabras la secuencia de notas que componen un acorde musical, pero no se puede representar con palabras la armonía del acorde. Cada nota es un “objeto” posible de ser representado por otro “objeto”, una palabra. Pero la armonía, que no es un objeto, no puede ser captada por palabras ni por pensamientos. Así como no es posible determinar los límites de lo “amarillo” dentro del espectro continuo de la luz blanca, así se frustran nuestros intentos de representar con palabras el continuo-simultáneo de sentimientos y sensaciones que conforman la experiencia interior. Esta incongruencia entre la naturaleza de la experiencia (continua-simultánea) y la naturaleza del sistema de representación basado en palabras-pensamientos (discontinuo-secuencial), ha puesto en crisis nuestros conceptos acerca de lo que significa “inteligencia” y “ser inteligente”
Las palabras y su correlato inmediato, los pensamientos, constituyen el principal sistema de representación de la experiencia humana. Por un lado la experiencia, la vida misma. Y por otro su representación, las palabras y los pensamientos ¿Cuál de ellos es el que tiene preponderancia en nuestra cultura? ¿La experiencia o su sistema de representación, es decir, las palabras y los pensamientos? El desarrollo de la inteligencia racional ha sido tan importante en el proceso evolutivo humano (y tan especialmente enfatizado durante el período del Iluminismo) que la preponderancia del pensamiento por sobre la experiencia es abrumadora. El pensamiento, que es de naturaleza fragmentaria porque se construye con palabras, ha impuesto su fragmentación por sobre la experiencia de “totalidad” propia de la vida misma. En este proceso de subordinación al pensamiento fragmentario, nos hemos fragmentado como personas, hemos fragmentando nuestras relaciones interpersonales y estamos fragmentando cada vez más las organizaciones sociales y económicas que hemos creado
La prueba de la supremacía del pensamiento por sobre la experiencia es nuestra incapacidad de dejar pensar. El pensamiento, una formidable herramienta originalmente destinada a la simbolización de experiencias reales que querían ser comunicadas, cobró dinámica propia y se convirtió en pensamiento compulsivo. Producimos involuntariamente un pensamiento tras otro. Hemos perdido el control sobre la herramienta y es ella la que ha tomado el control sobre nosotros. El pensamiento disociado de la experiencia, o pensamiento alienado, se ha convertido en una entidad con “vida” propia que nos posee. Estamos poseídos por la mente, una entidad hecha de pensamientos. Y creemos que somos esa entidad
Confundimos realidad con representación de la realidad. Y esa confusión entre realidad y representación es la enfermedad de nuestra civilización. La consecuencia más perturbadora de esta disociación entre vida y pensamiento es la de habernos identificado con nuestros pensamientos y creer que somos el que piensa. Nuestros pensamientos nos dicen quiénes somos. Nos cuentan una historia, lo que conseguimos en la vida, lo que no conseguimos, los éxitos y fracasos que obtuvimos. Hemos reducido nuestra identidad a una pequeña historia. La respuesta a la pregunta ¿Quién soy? depende de lo que nos digan nuestros pensamientos acerca de quiénes somos. Nuestra falsa identidad proviene de la confusión entre realidad y representación de esa realidad. Somos esencialmente nuestra experiencia. Vivimos en la experiencia, no en la representación de esa experiencia. Y el verdadero conocimiento de nuestra identidad no puede alcanzarse a través de los pensamientos
Antes del “yo soy esto” o “yo soy aquello” subyace la experiencia del “Yo soy”. La experiencia del “Yo soy” o experiencia del Ser es profundamente transformadora y da en sí-misma la respuesta a la pregunta sobre la identidad. El ego, o falso yo, es una entidad hecha de pensamientos que dice “este yo soy”. Pero la verdadera identidad no depende de palabras ni de pensamientos porque es una experiencia directa. Los pensamientos no captan la experiencia del Ser, porque son representación de la experiencia, no experiencia en sí misma. El pensamiento discontinuo y secuencial crea la ilusión del tiempo. Si solo hay “objetos” o fragmentos separados, entonces están necesariamente ordenados en el tiempo y en el espacio. Unos están antes y otros después. Y la ilusión del tiempo surge. Pero si en lugar de objetos hay “totalidad”, la ilusión del tiempo se derrumba. Solo existe un presente en eterna transformación. La experiencia del Ser es una experiencia de identidad profunda. Es continua, simultánea y atemporal. Y a través de ella se percibe la preeminencia del todo por sobre las partes
Todos, en mayor o menor medida, hemos tenido experiencias del Ser. Ocasiones en que el esplendor del momento presente nos deslumbra de tal modo que se abre una nueva puerta a la espiritualidad y al pensamiento efectivo. Abraham Maslow llamó a esos momentos “experiencias cumbre” porque representan los momentos más altos de la vida. Instantes de intensa felicidad, momentos de rapto originados quizás por el amor, por la audición de un fragmento musical o por el impacto repentino de un libro o una pintura, o por un momento de intensa creatividad. Durante estas ocasiones de expansión y no-pensamiento vislumbramos la verdad que vive dentro de nosotros. La conceptualización posterior a una experiencia del Ser admite interpretaciones teístas o no-teístas. Pero en todos los casos, el conocimiento adquirido transforma a la persona y produce cambios profundos en la cultura
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Etiquetas: Inteligencia, espiritual
Comentario
Comentario de Mario Balzarini el febrero 21, 2011 a las 9:21pm
Comentario de Nicolás Tortolini el febrero 19, 2011 a las 2:48am En Darsecuenta queremos compartir experiencias que movilicen e inspiren. Semanalmente publicaremos vídeos, historias, fotos, notas, discursos e ideas que nos animen a reflexionar, entender y hacer.
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