Por Héctor Huergo
Las grandes masas de Oriente pusieron una patita de pollo sobre el arroz.
El campo argentino sabrá seguir respondiendo a esa tendencia, mientras el Estado no insista en obstaculizar.
No hay nada más molesto que, ante cualquier pregunta, la respuesta arranque con un "depende . ". Pero celebrar el Bicentenario afrontando el desafío de pensar cómo será el agro argentino en los próximos cien años tropieza, ineludiblemente, con este balbuceo. Son muchos los escenarios posibles. Y, paradójicamente, resulta más fácil imaginar cómo será el campo en el 2110 que en el 2011.
Sin embargo, hay directrices muy concretas y firmes (las llamaremos drivers), a la luz de lo que viene ocurriendo, como para elaborar algunas líneas de tendencia. Estos drivers son señales que vienen sobre todo del mundo exterior. Con todas sus tensiones internas, la Argentina agropecuaria ha dado a través de la historia respuestas en sintonía con lo que el mundo esperaba de ella.
Así nació el país, desde los tiempos de la Independencia y, sobre todo, a partir de la Organización Nacional. A mediados del siglo XIX se desató la Primera Revolución de las Pampas, la de la conquista territorial, la epopeya de los colonos y las estancias, del sarmientino "alambren, no sean bárbaros". Un sueño-país que puso a la Argentina en el primer plano del contexto internacional, a principios del siglo XX. Buscando producir carne para los ingleses, se domaron las pampas y fuimos granero del mundo, sin mitos. Y así renació un siglo después, tras la crisis de 2001/2, de la mano de la Segunda Revolución de las Pampas, la de la conquista tecnológica. La soja como abanderada. Pero la soja es simplemente el transbordador que lleva a todo el mundo el trabajo inteligente de miles de científicos, técnicos y productores, más todos los servicios que requiere atender la mesa de 3.000 millones de seres humanos. En eso estamos.China importa 45 millones de toneladas de soja de la Argentina,
que cuadruplicó su producción y va por más
¿Qué quiere el mundo? Más de lo mismo, pero mucho más. Y al mismo tiempo, al campo le está pidiendo otras cosas. Por ejemplo, que no sólo produzca alimentos, sino también energía. Así como durante la Primera Revolución le pedía carne vacuna, ahora le pide los insumos básicos para producir todo tipo de proteínas animales. Es decir, granos forrajeros (maíz, sorgo) y harina de soja, los ingredientes básicos de cualquier alimento balanceado que nutre a todo bicho que camina y va a parar al asador. Esto tiene poco que ver con la explosión demográfica, que no se detiene.
Sin desconocer su papel, no es ya el crecimiento vegetativo de la población humana lo que determina la tendencia de la demanda de alimentos. Contrariando el dilema malthusiano, durante el siglo XX la ciencia y la técnica corrieron más rápido que la cigüeña. El siglo XX terminó bajo el paradigma de los excedentes agrícolas. Aun cuando el 20% de la humanidad padeciera hambre. No era, ni es, por falta de alimentos, sino por la posibilidad de acceder a ellos. Pero desde los albores del siglo XXI se asiste a un violento cambio en la tendencia. En pocos años se digirieron los excedentes, y ahora manda el paradigma de la escasez. Y no es por el fracaso de las cosechas, ni por las consecuencias del cambio climático o los terremotos, tsunamis u otros cataclismos.
Es, simplemente, por la "transición dietética", un fenómeno que se ha convertido en ley social inexorable: las sociedades que se desarrollan, que mejoran su poder adquisitivo, cambian sus hábitos alimentarios. Pasan de comer féculas y otros productos del reino vegetal a consumir más proteínas animales. Cerdo, pollo, carne vacuna. Los animales no tienen la facultad de hacer fotosíntesis, que es privativa de las plantas. Son éstas las que convierten la luz solar en alimentos y energía. Cualquier proceso de transformación implica meter intermediarios en la cadena alimenticia. Si el hombre come arroz, está más cerca del sol. Si en cambio come cerdo, se puso el maíz y la harina de soja en el medio. Y aunque ha mejorado mucho la eficiencia de conversión, hoy pasar de una dieta vegetariana a una carnívora significa aumentar diez veces la demanda de sol.
El nuevo paradigma de la escasez, entonces, se origina en que las grandes masas humanas de Oriente, hasta ahora sometidas a la esclavitud del vegetarianismo, pusieron un huevo frito, una chuleta de cerdo o una patita de pollo arriba del plato de arroz. Y empezaron a ir a Macdonald´s. Sabemos que de eso no se vuelve. Son apenas 300 millones los chinos que entraron en esta variante. Otros mil millones lo harán durante el siglo XXI. China controló su tasa de natalidad, pero los cerdos se siguen reproduciendo como conejos. Ya tienen 600 millones, uno por cada dos chinos. Los hindúes todavía no comen bifes de chorizo, pero no le hacen asco a otras carnes. Los vietnamitas, tailandeses, indonesios y otras etnias asiáticas también mueren por un Doble Cuarto de Libra con Queso.
Asia se comió todo el incremento de la producción agrícola mundial de los últimos quince años. La soja es originaria de China. En 1990 producía 15 millones de toneladas, más que la Argentina, le alcanzaba y hasta exportaba algún excedente. Ahora sigue produciendo lo mismo, pero consume . 60 millones de toneladas. Ergo: importa 45. ¿De dónde? Sí, de la Argentina, que en el ínterin cuadruplicó su producción: este año produjo 54 millones, y va a más. La Argentina, en síntesis, respondió en línea con esta tendencia. Construyó el cluster sojero más competitivo del planeta. Se levantó, a la vera del río Paraná, una imponente estructura industrial que provee al mundo de harina de soja y aceite, el otro derivado de la transición dietética, porque el pollo sale con fritas. Fue una elección acertada, sin plan alguno, sin otra función del Estado que distraerse, entretenido en otras aventuras. Cuando descubrió el tesoro, fue por él.
Y por eso, cuando tenemos que pensar en el futuro, tenemos que arrancar por un "depende". Depende de que se deje que las cosas fluyan, o que se corten las brevas inmaduras. En el primer caso, no sabemos hasta dónde podemos llegar, pero percibimos un horizonte muy lejano. En el segundo, con el corto plazo comandando la partida, estaremos desaprovechando la oportunidad. Pero esta es una especialidad de la Argentina del Centenario y del Bicentenario. ¿También del Tercero?.
http://www.bicentenario.clarin.com/prox_huergohector.php
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