Inspirado en una nota del Dr. Antonio Margariti.
   
Por Víctor Trucco, Presidente de Fundación Darsecuenta

Para darse cuenta

Que las dificultades actuales con la “vivienda popular” tienen que ver con lo que hicieron los gobiernos en los últimos años y con lo que se cree que hay que hacer.

Que para solucionar los problemas hay que empezar por reconocer los errores; si las cosas se hacen bien, salen bien. No es lo que está pasando.

Que antes las cosas en Argentina se hacían mejor.

Que lo más importante que tiene que garantizar el Estado, es el orden espontáneo y la ley.

Que las ideologías que han desresponsabilizado a las personas de su propio destino, por razones demagógicas, consiente o inconscientemente lo han condenado a la pérdida de su dignidad.

Que las ideologías, que han relativizado el papel del esfuerzo, la confianza en uno mismo, los valores en el progreso de la persona y la sociedad, lo han esclavizado y condenado a vivir esperando ayuda.

Que nuestra historia nos muestra ejemplos, cuando teníamos políticas responsables sin inflación y sin burocracias y sin el protagonismo del Estado que pretende controlar y regular todo; el orden espontáneo y el compromiso con sanas pautas culturales eran suficientes para que la gente pudiera tener su casa propia.

Que era y es posible tener trabajo y pasar de proletario a propietario, hay que aprender del pasado.

Que la irresponsabilidad y la demagogia, el uso que la política hace del Estado, con la mentirosa oferta de garantizar, se ha convertido en el sutil camino a esclavizar y llevar a las personas a una vida indigna.

Que la pobreza antes era digna. La pobreza actualmente alcanza límites inhumanos.

Que “vivir en paz” requiere compromisos, como: respetar la palabra, respetar los bienes ajenos, trasferir bienes por acuerdos, sin fraudes, ni engaños.

Ver nota original del Dr. Antonio Margariti. La nota que sigue tiene que ver con la referencia, aunque ha sido modificada por Víctor Trucco, tratando de poner énfasis en el concepto de Darsecuenta.

La pobreza: hoy y ayer - La vivienda: antes y ahora

Las ciudades argentinas tuvieron históricamente un buen diseño urbano. Las manzanas estaban divididas en clásicas cuadrículas, el área central de gran calidad estaba destinada a edificios públicos de exquisita  arquitectura, las plazas y parques diseñados por paisajistas de renombre mundial, las zonas comerciales atractivas, los bulevares y áreas residenciales con viviendas de categoría y los barrios suburbanos bien organizados. Casi todas las ciudades estaban rodeabas por cinturones verdes de quintas y huertas.

Ignorancia del orden espontáneo

Las leyes permiten ordenar la sociedad, siempre y cuando los usos y costumbres de las personas respeten principios propios de una sociedad sana.  Así era antes. El Dr. Antonio Margariti, señala en qué consistía el orden espontáneo. Se apoyaba en las siguientes pautas culturales.

1º Cumplir con la palabra empeñada.
2º Respetar la posesión pacífica de los bienes ajenos
3º Transmitir bienes por consenso sin fraude, ni engaño ni violencia.

Bajo este orden espontáneo surgieron los barrios, las ciudades y las empresas fruto de la iniciativa privada.

¿Qué pasó?

Todo esto se terminó. Fue en 1977 cuando mentes bien intencionadas pero ignorantes del orden natural sancionaron la ley 8912 denominada “Ley de ordenamiento territorial y uso del suelo”. A partir de ella y en todo el país, los pobres ya no pudieron comprar lotes de tierra por $20 mensuales, se terminaron los remates bien organizados, no pudieron tener títulos de propiedad.

Comenzó la era de los “countries”, “barrios cerrados” y urbanizaciones donde el lote de un terreno costaba entre 20 mil y 100 mil dólares.

Gobiernos militares y civiles, de derecha y de izquierda, peronistas y radicales, no supieron ver el problema.

33 años después lo estamos pagando con esta novedosa “invasión de los bárbaros” que reclaman un pedazo de tierra para construir su casilla.

Cuando el Estado quiso alterar ese orden espontáneo imponiendo una organización prepotente, impuesta por la fuerza y tecnológicamente avanzada pero sin libertad de espíritu, emergió el caos y el desorden que hoy estamos presenciando.

Todo tiempo pasado fue mejor

Hasta fines de 1970, las personas humildes vivían en barrios del suburbio, cuyas casas de una planta, estaban hechas con mampostería de ladrillos unidos con mortero de cal y arena, mosaicos calcáreos en patios y cocina, pisos de pinotea con cámara de aire en los dormitorios, techos de chapas de zinc o de ladrillos cargados sobre la bovedilla catalana.
 
Estaban construidas en lotes de 10 varas de ancho (8,356 m),  por un largo de 30 a 50 metros, donde se armaba el gallinero y preparaba la huerta. Casi siempre había una higuera y un limonero. Eran casas modestas pero seguras y confortables. Se iban levantando de a poco,  agregando nuevas piezas a medida que la familia crecía. Los arquitectos las llamaban “casas chorizos”.
 
Si sus ocupantes tenían la suerte de tener amigos albañiles, embellecían  las fachadas con alguna que otra pilastra, zócalos, listeles, frontis triangulares o semicirculares encima de las ventanas, arquitrabes, frisos y  cornisas que les otorgaban un aspecto sumamente  atractivo. Esos viejos albañiles italianos eran los famosos “frentistas” que construyeron nuestros más emblemáticos edificios. En Rosario hicieron todas las residencias del “Paseo del siglo”.

Barrios pobres pero no villas

Había barrios pobres, muy pobres, pero no existían las villas miserias, que se multiplican hoy en día, donde vive una multitud cada vez mayor de  ciudadanos en condiciones impropias de la condición humana. Menos aún de estos tiempos.

¿Por qué ha sucedido todo esto? ¿Por qué esa invasión de parques por miles de familias que se asemejan a los bárbaros medievales ocupando y destruyendo las áreas urbanizadas?

¿Qué han hecho los sucesivos gobernantes democráticos o tiránicos  para que las familias tengan que vivir en covachas inmundas, indignas de seres humanos?

Cómo funcionaba el orden natural

A pesar de que la Constitución Nacional lo consigna pomposamente, en materia de “erradicación de villas” los gobiernos no han hecho nada. Sólo las han incrementado, constituyendo una muestra contundente de la hipocresía del discurso político. Tenemos que darnos cuenta de que mas allá de las “grandes soluciones proclamadas”, “políticamente correctas”, se encuentra la inflexible lógica de la realidad, que lleva al fracaso, y cuando este resultado no se atribuye al hecho de que la idea es equivocada, sino a las personas. Se cambian las personas, pero no se cambian las ideas que dieron lugar a los hechos, por lo que el error se comete una y otra vez.

Se procede como si las ideas no pudieran estar equivocadas, el error fue del gestor. Por eso todos los gobiernos están desprestigiados, pero las ideas siguen firmes. Fue así que se destruyó el proceso natural por el que los pobres tenían acceso a la propiedad privada e impidieron que, en el mejoramiento de la vivienda propia, volcasen los pocos pesitos que podrían ahorrar.

Antes: el proceso natural se desarrollaba de este modo

1. Una oficina de rematadores –que gozaba de la confianza pública– a cargo de un martillero público ofrecía, 
a los dueños de baldíos en los aledaños de la ciudad, convertirlos  en terrenos suburbanos.

2. Entonces, con un agrimensor, emprendían la tarea de amojonar y medir el terreno, estableciendo lotes, con sus respectivos niveles y calzadas. Una vez llevada al tablero la división de la tierra, se dibujaban lotes y calles, designándoselas con nombres de patriotas o personas ilustres. Los lotes se numeraban según el  tamaño y la calidad de su ubicación. Una parte del terreno quedaba reservada para construir el templo parroquial, la escuela primaria, el puesto policial, el dispensario médico y la oficina del registro civil.

3. El plano resultante se llevaba a la Dirección de Catastro o Registro de la propiedad inmueble, y se gestionaba la aprobación oficial.

4. Luego, los rematadores organizaban una verdadera fiesta de capitalismo popular, convocando a la pública subasta. Alquilaban medios de transporte para llevar y traer a los interesados, levantaban unas atractivas carpas en el lugar de remate, adornándolas con vistosos banderines y colocaban enormes carteles anunciando el remate público, incluyendo el plano del loteo. En el interior de las carpas se colocaban sillas de madera y la multitud de interesados con su familia, esperaban sentados el comienzo del remate.

5. Los martilleros comenzaban el acto realizando una descripción muy vívida del terreno y aleccionaban a la gente sobre las ventajas de tener una propiedad para asegurarse el techo propio y proteger el futuro de los hijos. Algunos martilleros, como don Elías Carranza Saroli, don Fernando Pesán y don Ángel González Theyler en Rosario, se convertían en relatores de la historia nacional y predicadores de normas morales, para confirmar la importancia de la palabra empeñada, el respeto y el cumplimiento de las promesas.

6. Se solían repartir escudos patrios litografiados en hojalata, que los asistentes colocaban con orgullo en su prenda, cerca del corazón. A veces, el acto incluía el canto del himno nacional. El remate era una verdadera fiesta de civismo dirigido a los pobres de solemnidad. Siempre había algunos bocados de pan y chorizo, tiras de asado y bebidas no alcohólicas para calmar el hambre y sed de los asistentes.

7. Uno por uno se iban rematando los lotes que ya tenían asignado un crédito automático, pagadero en cuotas fijas de hasta 120 mensualidades. Cuando alguien compraba el lote, allí mismo registraban sus datos personales y se emitía una libreta inmobiliaria, numerada, sellada, encuadernada y forrada en hule negro, formando parte del título de propiedad a inscribirse  en la Dirección de Catastro.

8. Esas libretas inmobiliarias eran una parte de la propiedad total y como tal podían ser hipotecadas,  compradas, vendidas o cedidas en donación. Poseer la libreta inmobiliaria de hule negro era un orgullo para las personas humildes porque por pocos pesos mensuales se convertían en propietarios.

9. Por primera vez en la vida, contaban  con un capital propio, eran dueños de un título que los respaldaba y  les servía de garantía para conseguir créditos en tiendas, almacenes de ramos generales y hasta para aspirar a un trabajo estable en  industrias importantes. Posteriormente y de a poco, el municipio se encargaba de  pavimentar las calles del loteo, instalar los servicios de electricidad, gas, agua potable y la red cloacal.

10. Después de emitidas, las libretas se inscribían en el Registro de la Propiedad y a partir de allí eran dueños-propietarios del terreno. Sin trámites bancarios  recibían el primer crédito importante de largo plazo. Era un acontecimiento imborrable para las familias. El parcelamiento de las tierras daba origen a la formación de los nuevos barrios y uno de los pioneros que contribuyó a la formación de las ciudades fueron don Rodolfo J.W. Vinelli y su padre don Francisco F. Vinelli (1876-1970). En 1906 inició el parcelamiento de las primitivas quintas en Ituzaingó, permitiendo la instalación de nuevos núcleos poblacionales.

Los tecnócratas de siempre

Esos tiempos de bonanza para las personas humildes comenzaron a  desaparecer a partir a mediados de los ’70, y se acrecentaron con el shock devaluatorio de Celestino Rodrigo.

Como consecuencia del sinceramiento de tarifas, ocurrido después del “control  de precios” de José Ber Gelbard y del congelamiento de salarios precedentes, se desató una inflación incontenible que produjo la perdida de los ahorros. Las posibilidades de construir viviendas por el sistema de ajuste alzado a precios fijos inamovibles desapareció. Muchas empresas constructoras quebraron.

Pocos años después, en 1977 y desde el decreto-ley 8.912/77, llamado pomposamente “Ley de Ordenamiento territorial y uso del suelo”, comenzaron a surgir por todo el país leyes regulatorias que impedían los clásicos loteos exigiendo a los martilleros dotar previamente a los terrenos suburbanos de una planificación que el Estado no tenía, con infraestructura sumamente costosa y compleja  compuesta de pavimentos de hormigón, cordones y veredas, faroles de alumbrado público, servicios de agua y red cloacal hasta la puerta del lote, cañerías para la distribución de gas y cámaras subterráneas para equipos de transformación y rebaje de energía eléctrica domiciliaria.
 
En un marco de inestabilidad monetaria y con costos crecientes, esa infraestructura implicaba una altísima inversión de riesgo que no podía ser pagada por los humildes compradores de los viejos loteos. Por lo tanto el mercado del loteo desapareció y  la vivienda  fue inaccesible para ellos.

Las operaciones inmobiliarias se redujeron a personas de altísimos niveles de ingreso que, por moda cultural,  decidieron mudarse a countries  y barrios cerrados en los alrededores de las grandes ciudades. Los pobres y la clase media con escasos recursos no tuvieron nunca más acceso a una vivienda hecha con sus propios ahorros.

El orden natural por el cual los pobres también podían llegar a ser propietarios había sido destruido y comenzaron a surgir los asentamientos irregulares, las villas de emergencia y los barrios de viviendas colectivas convertidos en refugio de delincuentes donde la policía y los servicios de emergencia médica temen ingresar.

Solución: de proletarios a propietarios

El problema de las villas no tiene solución si no se encara como una operación de gran prioridad para volver a convertir a los proletarios en propietarios.

El acceso a la propiedad privada y  el otorgamiento de títulos de propiedad transferibles constituyen tareas prioritarias. Luego vendrá  la urbanización de las actuales villas, abriendo accesos y calles adecuadas con una reparcelización de aquellos habitantes a quienes habrá que expropiarles el terreno ocupado.

Otras  cuestiones  importantes son: la delimitación física de la villa para evitar que se siga expandiendo y la construcción, en cada lote, de un núcleo central compuesto por baño, cocina y sistema de desagües de aguas servidas, dejando que en el resto del terreno los ocupantes-propietarios construyan las habitaciones que necesiten y puedan.

El ser humano satisface sus necesidades transformando las cosas que le rodean, pero cuando construye algo y  lo utiliza, necesita que ese proceso sea controlado y dirigido por alguien. Para ello es necesario que pueda decirse “yo cuido de esto” y “nadie sin mi permiso puede tocarlo”.

En todas las lenguas del mundo, esa función de fiscalizar la acción económica, tiene vocablos como “mío”, “tuyo”,  “de mi padre”, “de mis hijos” o “del municipio”,  los cuales se resumen en dos sustantivos esenciales de la naturaleza humana: “propiedad” y “dominio”.

Cualquier acción para producir y consumir riqueza es imposible sin que alguien pueda y tenga el derecho a  fiscalizar el proceso de creación de riqueza.

Lo deprimente de las villas es precisamente la absoluta y total carencia de propiedad privada, representada por un título de propiedad, lo cual significa que ese lugar donde habitan no es de nadie y cualquier día pueden ser desalojados o desplazados por acción de alguien más poderoso. Finalmente, ese poderoso no es el funcionario del Estado, ni el capitalista inmobiliario, sino el narcotraficante que edifica su poder en esos lugares.

Cometarios sitio anterior

Antonio I. Margariti
28/12/2010 19:02
VICTOR, en correo electrónico aparte le envío un breve comentario Espero que le sea útil.
Saludos

Juan Martin Diaz
29/12/2010 20:13
No comparto la visión del párrafo titulado "para darse cuenta" en casi nada.
Para empezar se dice que antes las cosas en la Argentina se hacían mejor, cuando? Se está teniendo en cuenta al hacer esta afirmación que la realidad del mundo es cada vez más compleja y que las buenas soluciones del pasado aplicadas hoy día pueden ser catastróficas?
Me parecería más justo afirmar que las cosas antes no eran tan complicadas.
Un ejemplo aplica a la nota en general, la gente antes tenía otros valores, y si bien avaros siempre hubo, hoy todos pretendemos ser capitalistas. El dinero llama al dinero se dice y el que más tiene cada vez tiene más y menos el que menos.
Cuando romanticamente se mencionaba el orden natural y se enumeraba el modo en que se sucedian los hechos en los que en una fiesta del capitalismo popular los pobres se convertían en propietarios, me preguntaba que pasaría hoy.
Se me ocurría que la oficina de rematadores no gozaría de la confianza pública y que denuncias de corrupción se publicarian a diario desnudando los procesos del 1 al 10.
Que habría gente de muchos recursos pujando por quedarse con la mayor cantidad de terrenos al más bajo precio.
Que habría mafias apretando a la gente más débil para retirarse y abstenerse de la pelea.
Entonces me parece que las soluciones del pasado resolvían problemas del pasado con las herramientas de esos tiempos.
La complejidad de la realidad del presente requiere la resolución de nuestros problemas con nuestras herramientas, que también son más y mejores, también nuestros recursos.
Yo propongo, la planificación y ejecución de obras de construcción de nuevas ciudades factoría, en las que alojar a las personas que lo requieran, desde una perspectiva de dignidad habitacional y laboral. Una solución integral, en donde se facilite a las personas el acceso a una vivienda a costos razonables, pero que a su vez se encuentren en un programa de capacitación para las nuevas industrias que se instalen en las cercanías de estas nuevas ciudades.
Esto no solo beneficiaría directamente a los incorporados al programa sino que generaría por derrame cientas o miles de nuevas oportunidades para otros.
Por otro lado, al tener que pagar por los beneficios del programa evitaría el resentimiento de quienes ven con recelo el otorgamiento gratuito de viviendas, alimentos y otros paliativos.
Con esto se ayudaría a calmar los ánimos clasistas.
Por otro lado, la planificación y construcción de una nueva ciudad pondría en marcha una maquinaria poderosa que en estos momentos se encuentra con una gran capacidad ociosa.
Arquitectos, ingenieros civiles, albañiles, techistas, para que seguir...
Nuestro país tiene una potencialidad increíblemente desperdiciada, efecto de los sucesivos vaivenes económicos y de la falta de planificación.
Vamos poniendo parche sobre parche, lo cual nos termina por definir.

TATO
30/12/2010 10:13
INSPIRADO EN LA NOTA DEL DR. ANTONIO MARGARITI

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Estamos hablando de antes. Antes de Alfonsín y antes de los militares.

Cuando el sistema era otro y crecían los barrios de empleados, obreros, barrios populares, de clase media.

No se trata de una crítica a este gobierno, es una crítica a este sistema que no genera condiciones para la casa propia.

Más allá de los datos de la referencia, sin duda los hechos y la realidad, nos muestran la insuficiencia de nuevas viviendas.

 

TE CITO: “invasión de los bárbaros” que reclaman un pedazo de tierra para construir su casilla. Es muy fuerte ésta frase, discriminadora y fascista. No veo que coincida con la misión y valores de "darse cuenta". No se, tal vez si.

Nuestra misión y valores, tienen que ver con tratar de demostrar que si nos va mal, como país, es porque hacemos las cosas mal y proponer reflexiones, con las que se puede coincidir o no.

Es mejor un país con un Estado que genera oportunidades, que un país donde el Estado pretende solucionar todo y termina agravando el problema, porque encarece la vivienda, no alcanza a construir la cantidad necesaria, las pocas se distribuyen en forma no clara. Los beneficiarios, en alta proporción  no las pagan, aunque la cuota es baja. Esto impide el financiamiento de nuevas casas y desalienta el esfuerzo propio. Por eso las necesidades aumentan.

Obviamente que el Estado, pasa por la gestión de los respectivos gobiernos.

Lo que comenta el Dr. Margariti, es precisamente que ha sido el cambio de la reglamentación de los loteos, lo que fomento los barrios privados y desalentó los barrios populares.



Melisa Figueroa dice:

Porqué no hablás con números TRUCCO?, sería mas serio como nota periodística.

Gobiernos y Viviendas construídas:

Alfonsín 165.000

Menem 390.000

De la Rua 74.000

2003 a la fecha: 310.000 hechas, 123.000 en ejecución, se ampliaron y mejoraron 251.000 y este año se finalizará la mejora de otras 124.000. Fuente Secretaría de Obras Públicas. De que pasado mejor estás hablando??

TE CITO: “invasión de los bárbaros” que reclaman un pedazo de tierra para construir su casilla. Es muy fuerte ésta frase, discriminadora y fascista. No veo que coincida con la misión y valores de "darse cuenta". No se, tal vez si.

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